Tabla de contenidos
- 1. El peso se aprecia frente al dólar en 2026
- 2. Evolución del tipo de cambio peso-dólar en 2026
- 3. Impacto de la decisión del Banco de México en el tipo de cambio
- 4. Análisis de la apreciación del peso mexicano
- 4.1 Factores que contribuyen a la apreciación
- 4.2 Comparativa con el promedio de 2025
- 5. Consecuencias del aumento del dólar en enero de 2026
- 6. Perspectivas del tipo de cambio en el contexto económico actual
- 7. Influencia de las tasas de interés en el tipo de cambio
- 8. Riesgos asociados a la fortaleza del peso
- 8.1 Contexto Económico Actual
- 8.2 Factores que Influyen en la Plusvalía del Peso
- 8.3 Implicaciones para la Economía Mexicana
- 8.4 Riesgos Asociados al Tipo de Cambio
El peso se aprecia frente al dólar en 2026
- El tipo de cambio se ubicó alrededor de 17.26–17.30 pesos por dólar a inicios de febrero de 2026, reflejando fortaleza del peso.
- En este análisis, “plusvalía” se usa en el sentido práctico de apreciación del peso (menos pesos por dólar) en el periodo descrito.
- La apreciación ocurre tras una jornada y una semana con descenso del dólar, después de que Banxico mantuvo sin cambios su tasa de referencia.
- El nivel contrasta con un promedio cercano a 18 pesos por dólar en 2025, lo que sugiere una mejora relativa del peso.
- Entre los motores señalados están el diferencial de tasas México–EE. UU., la debilidad global del dólar y flujos estructurales como remesas e inversión extranjera directa.
Apreciación del peso en febrero 2026
– Qué significa “plusvalía” aquí: no es una ganancia “realizada” por sí misma, sino la apreciación del peso medida como menos pesos por cada dólar en un periodo.
– Ancla temporal del dato: el rango 17.26–17.30 corresponde a inicios de febrero de 2026; en los registros del 6 de febrero de 2026 el tipo de cambio se reportó en 17.2988 (Banxico, SIE), y el 5 de febrero en 17.4070.
– Lectura rápida: moverse de 17.40 a 17.30 implica que, por cada USD 1, se requieren ~10 centavos menos; para operaciones grandes (importaciones, deuda, coberturas) ese “centaveo” sí cambia presupuestos.
Evolución del tipo de cambio peso-dólar en 2026
El arranque de 2026 mostró un peso con “plusvalía” frente al dólar en el mercado internacional, en un contexto de movimientos diarios que, aunque pequeños en centavos, son relevantes para una economía altamente integrada al comercio y a los flujos financieros globales. A inicios de febrero, el tipo de cambio se movió en esa zona, un nivel que se ha interpretado como continuidad de una tendencia de fortaleza observada desde años previos.
Nota de trazabilidad de datos: las cifras puntuales de tipo de cambio (zona 17.26–17.30, y los registros 17.2988 del 6 de febrero vs 17.4070 del 5 de febrero) provienen de los registros citados en el dossier (Banxico), mientras que el movimiento de 9.79 centavos en la última semana de enero y la referencia a la decisión de Banxico de mantener sin cambios la tasa se retoman de la nota base.
| Fecha / periodo (2026) | Nivel / movimiento reportado | Lectura rápida |
|---|---|---|
| Última semana de enero | +9.79 centavos (sube el dólar) | Semana de rebote del USD dentro de un entorno aún volátil. |
| 5 de febrero | 17.4070 MXN/USD | Punto de partida inmediato antes del ajuste del día siguiente (Banxico, SIE). |
| 6 de febrero | 17.2988 MXN/USD | Apreciación del peso vs 5/feb (Banxico, SIE). |
| Inicios de febrero (zona) | 17.26–17.30 MXN/USD | Rango “de mercado” citado en el análisis para describir el nivel. |
En los registros de esos días, el tipo de cambio reportado se ubicó en 17.2988 pesos por dólar el 6 de febrero de 2026, después de haber estado en 17.4070 el 5 de febrero. Ese ajuste —una apreciación del peso— ilustra cómo el mercado puede reaccionar rápidamente a señales de política monetaria y a cambios en el apetito por riesgo global, incluso cuando no hay un “shock” evidente.
El comportamiento de finales de enero también aporta matices: en la última semana de enero de 2026, el dólar aumentó 9.79 centavos. Ese dato recuerda que la trayectoria no es lineal: puede haber semanas de rebote del dólar dentro de una tendencia más amplia de peso fuerte. En otras palabras, la apreciación del peso convive con episodios de volatilidad de corto plazo.
Más allá del número puntual, el nivel alrededor de 17.3 tiene implicaciones prácticas: abarata importaciones y puede ayudar a contener presiones inflacionarias por bienes importados, pero también puede estrechar márgenes de exportadores que cobran en dólares y pagan costos en pesos. Por eso, la “evolución” del tipo de cambio en 2026 no se entiende sólo como una gráfica: es un termómetro que se conecta con precios, inversión, comercio y expectativas.
Impacto de la decisión del Banco de México en el tipo de cambio
La apreciación observada a inicios de febrero ocurrió un día después de que el Banco de México decidió dejar sin cambio la tasa de referencia. En mercados cambiarios, una decisión de “pausa” puede ser tan significativa como un recorte o un aumento, porque reordena expectativas: si los participantes anticipaban un movimiento y éste no llega, ajustan posiciones en moneda local y en dólares.
En este caso, mantener la tasa contribuye a sostener el atractivo relativo de los activos en pesos, especialmente cuando se compara con el rendimiento esperado en Estados Unidos. Ese diferencial —la brecha entre tasas— es un canal clásico por el que la política monetaria impacta el tipo de cambio: si el rendimiento en pesos se percibe alto frente a alternativas, aumenta el incentivo a mantener o comprar instrumentos denominados en moneda mexicana, lo que puede fortalecer al peso.
Canal de tasas y USD/MXN
1) Decisión de Banxico (pausa) → el mercado recalibra “qué tan pronto” y “qué tan profundo” sería un recorte.
2) Expectativas de tasas → si la pausa se lee como postura más restrictiva de lo esperado, sube el atractivo relativo del peso.
3) Diferencial México–EE. UU. → una brecha percibida como estable (o menos comprimida) sostiene estrategias de rendimiento.
4) Flujos y posiciones → entran/permancen capitales en instrumentos en pesos; se ajustan coberturas y apuestas en USD/MXN.
5) Tipo de cambio → el peso puede apreciarse (menos MXN por USD) si el entorno global no se vuelve adverso.
Checkpoint práctico: si el USD/MXN no reacciona pese a la pausa, suele ser señal de que dominó un factor externo (dólar global, riesgo geopolítico, datos de EE. UU.) por encima del canal de tasas.
El efecto no es mecánico ni garantizado. El tipo de cambio también responde a factores externos como tensiones geopolíticas, cambios en la percepción de riesgo y movimientos del propio dólar a nivel global. Aun así, la secuencia temporal reportada —apreciación del peso tras la decisión de Banxico— es consistente con la lectura de que el mercado interpretó la postura como un elemento de estabilidad.
Hay otro ángulo: un peso fuerte puede ayudar a Banxico en su mandato de estabilidad de precios al abaratar importaciones. Pero esa misma fortaleza puede complicar a sectores exportadores. Por ello, la decisión de mantener la tasa se inserta en un equilibrio delicado: sostener credibilidad antiinflacionaria sin asfixiar el crecimiento, y al mismo tiempo evitar que el tipo de cambio se vuelva una fuente adicional de volatilidad.
En 2026, además, circulan expectativas de que Banxico podría recortar tasas más adelante: analistas han anticipado dos recortes en el año, con una tasa que podría cerrar alrededor de 6.50%. Si esas expectativas se consolidan, el mercado tenderá a “adelantarse”, y el tipo de cambio podría reaccionar antes de que ocurran los recortes efectivos.
Análisis de la apreciación del peso mexicano
La apreciación del peso en torno a 17.26–17.30 por dólar no puede atribuirse a una sola causa. Los reportes y análisis disponibles apuntan a una combinación de factores: desde la dinámica del dólar a nivel global hasta flujos estructurales que sostienen la demanda por pesos. También influye el diferencial de tasas, que vuelve atractivos ciertos instrumentos mexicanos para estrategias financieras de corto y mediano plazo.
En el debate público, la fortaleza del peso suele leerse como “buena noticia” por su impacto en precios de importación y por la señal de confianza que puede transmitir. Sin embargo, también abre preguntas: ¿cuánto de esta apreciación responde a fundamentos internos y cuánto a condiciones externas —como la debilidad del dólar— que podrían revertirse? Esa distinción es clave para evaluar la sostenibilidad del movimiento.
La apreciación también se vuelve un tema de competitividad. Un peso más fuerte encarece, en términos relativos, los bienes y servicios mexicanos que se venden en dólares. Para empresas exportadoras, el tipo de cambio es parte de su ecuación de costos e ingresos; para consumidores, es un factor que influye en el precio de productos importados y en algunos servicios ligados a insumos externos.
A continuación, dos lentes para entender el fenómeno: los factores que empujan la apreciación y la comparación con el promedio del año previo.
Tres capas del peso
Para no mezclar causas, conviene leer la apreciación del peso con tres “capas”:
– Capa externa (dólar global / riesgo): ¿el USD está débil por factores internacionales (geopolítica, expectativas de la Fed, apetito por riesgo)? Si esto cambia, el soporte puede revertirse rápido.
– Capa interna (política monetaria / inflación): ¿Banxico mantiene una postura que preserve el atractivo del peso vía tasas y credibilidad antiinflacionaria?
– Capa estructural (flujos recurrentes): remesas e IED tienden a ser más persistentes, pero sus cifras suelen ser estimaciones en análisis de mercado; lo útil es observar su dirección (aceleran, se estancan, caen) y su consistencia en el tiempo.
Regla práctica: cuando la apreciación se explica sobre todo por la capa externa, suele ser más frágil; cuando se apoya más en la capa estructural, tiende a ser más estable.
Factores que contribuyen a la apreciación
Uno de los motores señalados es la debilidad del dólar en el mercado global. Se ha atribuido a un entorno de incertidumbre geopolítica, tensiones comerciales y cambios en la expectativa de política monetaria en Estados Unidos. Cuando el dólar pierde tracción como refugio o enfrenta presiones bajistas, monedas emergentes con fundamentos y rendimientos atractivos pueden beneficiarse.
El segundo factor es el diferencial de tasas de interés entre México y Estados Unidos. Con Banxico manteniendo una tasa relativamente alta frente a la Reserva Federal, se refuerza el atractivo de activos en pesos para estrategias de rendimiento (incluidas operaciones tipo carry trade). En 2026 se ha planteado que el diferencial podría normalizarse —por ejemplo, de 350 a 300 puntos base— si ambos países avanzan con recortes graduales, pero mientras la brecha siga siendo relevante, puede sostener demanda por pesos.
El tercer componente son los flujos estructurales. Se mencionan remesas robustas —estimadas en el rango de 65 a 70 mil millones de dólares anuales— y inversión extranjera directa en el orden de 35 a 40 mil millones de dólares por año. Estos flujos, por su naturaleza recurrente, aportan oferta de dólares y demanda de pesos, contribuyendo a un tipo de cambio más fuerte o, al menos, más estable.
Finalmente, el contexto comercial también pesa. La narrativa de nearshoring y el desempeño exportador pueden apoyar la estabilidad cambiaria, aunque persisten riesgos como la posibilidad de aranceles u otras medidas comerciales desde Estados Unidos. En suma: el peso se fortalece por una mezcla de rendimientos relativos, flujos constantes y un dólar menos dominante en el margen.
Comparativa con el promedio de 2025
El nivel de 17.26 pesos por dólar destaca al compararlo con un promedio aproximado de 18 pesos por dólar en 2025. Esa diferencia, aunque parezca pequeña en términos nominales, es significativa para presupuestos empresariales, decisiones de cobertura y precios de importación. Para una compañía que paga insumos en dólares, un peso más fuerte puede traducirse en costos menores en moneda local; para un exportador, puede implicar menores ingresos en pesos por cada dólar facturado.
La comparación también ayuda a dimensionar el cambio de régimen: pasar de un promedio cercano a 18 a niveles alrededor de 17.3 sugiere una apreciación que no es sólo intradía, sino parte de un tramo más amplio de fortaleza. En términos de percepción, refuerza la idea de que el peso ha sido una moneda relativamente resistente en el periodo reciente.
Sin embargo, el contraste con 2025 no elimina la volatilidad. El dato de que en la última semana de enero de 2026 el dólar subió 9.79 centavos recuerda que el mercado puede corregir y rebotar. Por eso, la comparación anual debe leerse con cautela: el promedio de un año incorpora episodios de estrés y de calma, y el nivel de un día puede estar influido por eventos puntuales.
También hay una lectura macro: si parte de la apreciación se explica por factores externos —como la debilidad del dólar—, el diferencial frente al promedio de 2025 podría reducirse si el dólar recupera fuerza o si cambian las expectativas de tasas. En ese sentido, la comparación es útil para entender “dónde estamos”, pero no garantiza “dónde estaremos”.
Consecuencias del aumento del dólar en enero de 2026
Aunque el peso mostró plusvalía en la primera semana de febrero, enero dejó una señal distinta en su tramo final: en la última semana de enero de 2026, el dólar aumentó 9.79 centavos. En un mercado que suele moverse por centavos, ese incremento semanal es un recordatorio de que la fortaleza del peso puede interrumpirse por episodios de ajuste.
¿Qué consecuencias puede tener un aumento así, incluso si es acotado? Primero, reaviva la sensibilidad de precios en sectores que dependen de importaciones. Un dólar más caro tiende a encarecer bienes intermedios y finales importados, lo que puede trasladarse —con distintos rezagos— a costos de producción y, eventualmente, a precios al consumidor. En un entorno donde la política monetaria busca anclar expectativas, estos movimientos son observados con lupa.
Segundo, un repunte del dólar puede modificar decisiones de cobertura. Empresas con pagos en dólares (deuda, insumos, contratos) suelen ajustar su estrategia cuando perciben que el tipo de cambio puede dejar de favorecerlas. Del lado financiero, un movimiento semanal al alza puede detonar toma de utilidades en posiciones a favor del peso o, por el contrario, incentivar apuestas de reversión si se interpreta como cambio de tendencia.
Tercero, el aumento del dólar puede tener un efecto psicológico: alimenta la narrativa de que el tipo de cambio “no está garantizado”. Esto es relevante porque parte de la fortaleza del peso se asocia a flujos financieros que pueden ser sensibles al riesgo. Si el mercado global se torna más averso al riesgo por tensiones geopolíticas o por sorpresas de política monetaria, el dólar puede recuperar demanda como refugio y presionar a monedas emergentes.
Impactos de un dólar al alza
Ganadores y perdedores típicos cuando sube el dólar (aunque sea por centavos en una semana):
– Importadores / negocios con insumos en USD: tienden a perder margen si no ajustan precios o si no tienen coberturas; el impacto suele verse primero en costos.
– Exportadores que cobran en USD y pagan en MXN: suelen beneficiarse en ingresos en pesos por cada dólar facturado, pero depende de su estructura de costos y de si ya tenían coberturas.
– Deudores en USD (créditos, rentas, contratos): enfrentan pagos más altos en pesos; el riesgo crece si el flujo de caja está en MXN.
– Consumidores: pueden ver presión en precios de bienes importados o con alto contenido importado, con rezagos distintos según el sector.
Trade-off operativo: un movimiento semanal puede ser “pequeño” en pantalla, pero suficiente para detonar reprecio, renegociación de listas y ajustes de cobertura.
En síntesis, el aumento de enero no contradice la apreciación de febrero; la complementa. Muestra que 2026 puede ser un año de peso fuerte, sí, pero con episodios de volatilidad que impactan costos, decisiones corporativas y expectativas.
Perspectivas del tipo de cambio en el contexto económico actual
Las perspectivas del peso frente al dólar en 2026 dependen de un equilibrio entre factores internos y externos. Del lado externo, la trayectoria del dólar sigue siendo central. Se ha señalado que la moneda estadounidense enfrenta presiones por incertidumbre geopolítica, tensiones comerciales y ajustes en expectativas sobre la política monetaria de Estados Unidos. Si esa debilidad persiste, el peso podría mantenerse relativamente firme; si se revierte, el tipo de cambio podría moverse en sentido contrario.
Del lado interno, el atractivo del peso está ligado a la combinación de tasas de interés y flujos estructurales. Remesas robustas e inversión extranjera directa —en los rangos mencionados— aportan una base de demanda por pesos que puede amortiguar choques. A ello se suma el interés de inversionistas por rendimientos en moneda local cuando el diferencial de tasas sigue siendo favorable.
Pero el panorama no está exento de riesgos macro. Se ha mencionado la posibilidad de una desaceleración económica global, con un crecimiento proyectado alrededor de 3.1% en 2026, lo que podría reducir demanda por exportaciones mexicanas. Además, un entorno de precios de materias primas menos favorables —en particular del petróleo— podría presionar variables fiscales y de balanza, afectando el sentimiento hacia activos mexicanos.
En el frente de política monetaria, la expectativa de recortes por parte de Banxico durante 2026 introduce un elemento de transición. Si el mercado anticipa que la tasa bajará, el diferencial con Estados Unidos podría estrecharse, reduciendo parte del soporte al peso. Sin embargo, el ritmo y la comunicación de esos recortes importan: movimientos graduales y bien señalizados pueden tener efectos distintos a cambios abruptos.
Claves para el peso 2026
Variables a monitorear en 2026 para entender si el peso puede sostener su fortaleza:
– Fed vs Banxico: cambios en el tono (hawkish/dovish) y en el ritmo esperado de recortes.
– Diferencial de tasas: si se comprime rápido, suele bajar el “piso” financiero del peso.
– Riesgo global: episodios de aversión al riesgo suelen favorecer al dólar como refugio.
– Remesas e IED: más que el número exacto, observar si mantienen tracción o se enfrían.
– Comercio/nearshoring: señales de continuidad (inversión, exportaciones) vs ruido por aranceles.
– Inflación: si no cede, Banxico podría sostener tasas; si cede rápido, el mercado puede adelantar recortes.
Señal de alerta: cuando varias de estas variables se mueven en contra al mismo tiempo, la volatilidad suele aumentar.
Así, la perspectiva más realista es la de un tipo de cambio influido por tres fuerzas: (1) el pulso del dólar global, (2) el diferencial de tasas y (3) la continuidad de flujos como remesas e IED. La combinación puede sostener al peso, pero también puede cambiar con rapidez si se altera el entorno externo.
Influencia de las tasas de interés en el tipo de cambio
Las tasas de interés son uno de los canales más directos entre política monetaria y tipo de cambio. En el caso del peso, el diferencial de tasas con Estados Unidos ha sido un argumento recurrente para explicar su fortaleza: si los instrumentos en pesos ofrecen rendimientos superiores, pueden atraer capitales que buscan ese retorno, elevando la demanda por moneda local.
Este mecanismo se observa con claridad cuando Banxico mantiene una postura relativamente restrictiva. La decisión de no mover la tasa en febrero —en el contexto reportado— se interpreta como un factor que ayuda a sostener el atractivo del peso. En contraste, si el mercado percibe que se aproxima un ciclo de recortes más acelerado, puede ajustar posiciones antes de que la tasa efectivamente baje.
| Elemento (2026) | Nivel/idea citada en el análisis | Qué suele implicar para el peso |
|---|---|---|
| Diferencial México–EE. UU. | 350 pb → 300 pb (normalización planteada) | Menor incentivo para flujos de corto plazo tipo carry; el soporte por rendimiento puede reducirse. |
| Postura de Banxico (febrero) | Tasa sin cambios | Suele sostener expectativas de rendimiento en MXN, si el riesgo global no domina. |
| Expectativa de recortes | Dos recortes; cierre cerca de 6.50% | El mercado puede “adelantarse”: ajustar posiciones antes del recorte efectivo. |
En 2026, se ha planteado que el diferencial podría normalizarse (por ejemplo, de 350 a 300 puntos base) conforme ambos bancos centrales avancen con recortes graduales. Esa normalización no implica automáticamente una depreciación del peso, pero sí puede reducir uno de los soportes financieros más visibles, sobre todo para flujos de corto plazo.
También hay un vínculo con inflación. Un peso fuerte ayuda a contener precios de importación, lo que puede facilitar el trabajo de Banxico. Pero si la inflación no converge como se espera, el banco central podría verse obligado a mantener tasas altas por más tiempo, lo que a su vez podría sostener el diferencial y, por extensión, apoyar al peso. En sentido inverso, si la inflación cede y Banxico recorta, el soporte por tasas podría disminuir.
En cualquier caso, conviene subrayar que el tipo de cambio no responde sólo a tasas. Geopolítica, comercio y percepción de riesgo pueden dominar en ciertos episodios. Aun así, en periodos de relativa calma, las tasas y las expectativas sobre tasas suelen ser el “piso” sobre el que se construyen muchas decisiones de portafolio, y por eso su influencia en el peso-dólar sigue siendo determinante en 2026.
Riesgos asociados a la fortaleza del peso
Un peso fuerte trae beneficios, pero también riesgos. Uno de los más discutidos es la sobrevaluación: la posibilidad de que el peso se aprecie más por factores externos —como la debilidad del dólar— que por mejoras sostenidas en fundamentos internos. Si el tipo de cambio se aleja de lo que el mercado considera consistente con productividad, balanza y crecimiento, puede aumentar la vulnerabilidad ante una corrección.
El segundo riesgo es la pérdida de competitividad para exportadores. Un peso apreciado encarece exportaciones en dólares y puede reducir márgenes cuando los costos están en pesos. Sectores como manufactura y agricultura pueden resentirlo si no tienen coberturas o si compiten con países cuyas monedas no se han apreciado en la misma magnitud. En una economía tan vinculada al comercio con Estados Unidos, este punto es especialmente sensible.
El tercer riesgo es la reversión de flujos. Parte del soporte al peso proviene de capitales atraídos por el diferencial de tasas. Si cambia el entorno —por ejemplo, por un giro más restrictivo de la Reserva Federal, un aumento de aversión al riesgo o un evento geopolítico— esos flujos pueden salir con rapidez, generando depreciación y volatilidad. Este riesgo es inherente a los mercados emergentes: la misma puerta por la que entra capital puede ser la puerta de salida.
También está el riesgo macro externo: una desaceleración global puede reducir demanda por exportaciones mexicanas, y un entorno de precios de commodities menos favorable puede presionar cuentas fiscales y externas. A ello se suma la incertidumbre por tensiones comerciales y la posibilidad de aranceles desde Estados Unidos, un factor que puede cambiar expectativas de inversión y comercio.
Señales clave de riesgo cambiario
Marco rápido para ordenar riesgos y “señales” a vigilar:
– Riesgo de sobrevaluación: señal típica = apreciación sostenida aun cuando se deterioran datos internos (crecimiento, balanza) o cuando el dólar global deja de estar débil.
– Riesgo de competitividad: señal típica = presión en márgenes/exportaciones o mayor uso de coberturas por parte de exportadores.
– Riesgo de reversión de flujos: señal típica = compresión acelerada del diferencial de tasas + aumento de aversión al riesgo (volatilidad global).
– Riesgo de shock externo (geopolítica/aranceles): señal típica = movimientos bruscos intradía y ampliación de primas de riesgo.
Prioridad práctica: cuando aparece la señal de reversión de flujos, el tipo de cambio suele moverse más rápido que los fundamentales.
En suma, la fortaleza del peso en 2026 no es un “seguro” contra la volatilidad. Es un estado que puede sostenerse si se mantienen los soportes (tasas, flujos, dólar débil), pero que también puede volverse frágil si alguno de esos pilares se mueve.
Contexto Económico Actual
El tipo de cambio alrededor de 17.26–17.30 pesos por dólar a inicios de febrero de 2026 se inserta en un contexto de señales mixtas: por un lado, un peso que se aprecia tras una decisión de Banxico de mantener la tasa; por otro, episodios recientes de repunte del dólar, como el aumento semanal de 9.79 centavos al cierre de enero. La lectura de fondo es la de un mercado que premia rendimientos y flujos, pero que sigue expuesto a cambios de humor global.
Factores que Influyen en la Plusvalía del Peso
Los factores identificados se agrupan en tres bloques: (1) debilidad del dólar por incertidumbre geopolítica y tensiones comerciales; (2) diferencial de tasas que favorece instrumentos en pesos; y (3) flujos estructurales como remesas (estimadas en 65–70 mil millones de dólares anuales) e inversión extranjera directa (35–40 mil millones). A esto se suma el telón de fondo del nearshoring y el desempeño exportador, con el riesgo latente de medidas comerciales adversas.
Implicaciones para la Economía Mexicana
Un peso fuerte puede ayudar a contener inflación importada y abaratar insumos del exterior, beneficiando a consumidores y a empresas que dependen de importaciones. Pero también puede presionar a exportadores al reducir ingresos en pesos por ventas en dólares. En el plano financiero, la fortaleza puede atraer inversión en instrumentos de renta fija, aunque con el riesgo de reversión si cambian las condiciones globales o el diferencial de tasas.
Riesgos Asociados al Tipo de Cambio
Los riesgos principales son: sobrevaluación, pérdida de competitividad exportadora, y volatilidad por reversión de flujos financieros. En el plano externo, pesan la incertidumbre geopolítica, la posibilidad de tensiones comerciales con Estados Unidos y un escenario de desaceleración global (crecimiento alrededor de 3.1% en 2026), además de la sensibilidad a precios de materias primas como el petróleo.
Perspectivas Futuras del Peso
Hacia adelante, el desempeño del peso dependerá de si se mantiene la debilidad del dólar, de cómo evolucione el diferencial de tasas conforme Banxico y la Fed ajusten su política, y de la continuidad de flujos como remesas e IED. Con expectativas de dos recortes de Banxico en 2026 y una tasa que podría cerrar cerca de 6.50%, el mercado seguirá calibrando si el soporte por rendimiento se mantiene o se reduce. En ese balance se jugará buena parte de la trayectoria del peso durante el año.
Este enfoque prioriza cómo los movimientos del tipo de cambio se traducen en decisiones operativas (precios, cobros y planeación financiera) que suelen enfrentar negocios con exposición a dólares; es una lectura alineada con la experiencia de PAGORALIA en cobros digitales y físicos.
Este texto se limita a un tramo específico de inicios de febrero de 2026 para analizar el USD/MXN y su vínculo con factores macro (tasas, flujos y dólar global). Los niveles del 5 y 6 de febrero se basan en registros de Banxico citados en el dossier, mientras que otras magnitudes (p. ej., rangos anuales de remesas/IED) son estimaciones de análisis de mercado. El propósito es describir mecanismos e implicaciones operativas, no emitir pronósticos cerrados.

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